En lugar seguro

25 06 2010

En lugar seguro
Tengo la sensación de haber empezado por el final, es la última novela de Stegner y puede apreciarse un tono de escritor ya consagrado que se sienta a contar una historia con la parsimonia y el interés de quien sabe que lo está haciendo de forma magistral. No buscaba ni la fama ni el dinero cuando apareció esta obra, ya octogenario, sino que demostraba la maestría y la humildad de un escritor portentoso, alejado de las listas de éxito, pero con el suficiente prestigio como para aparecer entre los mejores de su generación. Y ahora seguremos con las demás novelas.
La intimidad de un grupo de amigos contada desde la distancia y largo recorrido de un anciano escritor que hace cuentas de un pasado entre los milagroso de la vida cotidiana y la magia de la supervivencia de una amistad prolongada. Dos parejas son los protagonistas de esta obra magistral. Ellos son dos profesores universitarios de literatura y ellas dos encantadoras esposas cuyos vínculos nacen en una cena y desde un principio son seguros.
La novela narra esa intimidad entra ambas parejas, no hay más. No hay grandes amores, ni muertes, ni dramatismos, sino vidas normales y problemas cotidianos. Sí hay nostalgia de una juventud ya lejana y serenidad, mucha serenidad. Porque el narrador ni pretende contar todo, para no aburrirnos con detalles que no aportarían nada interesante, ni selecciona momentos importantes socialmente (BBC, bodas, bautizos y comuniones) sino que recuerda conversaciones y actividades que ambas parejas tuvieron a lo largo de su amistad. Esa “tranquilidad narrativa” es propia de una escritor seguro de sí mismo, que no recurre a trampas argumentales, a artificios retóricos, porque lo que busca es una novela sencilla (no simple).
Son muchas las escenas en las que una conversación obre las ilusiones y las lágrimas se entremezclan, donde se van desgranando todas los valores de los personajes, y sus defectos.
Una gran amistad no puede sustentarse sino con una gran generosidad por todas las partes. Los Lang acogen a los Morgan como si fueran dos miembros más de la familia, les introducen en sociedad, pero es el principio de una generosidad compartida que dura toda una vida.
Que nadie busque una historia vibrante ni unos diálogos incisivos, sin embargo la novela tiene tirón y su lectura provoca un ligero placer que en estos tiempos de novelas negras y de noticias desesperadas contribuye a aislarte en un remanso de paz.

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